Datos constatables Cuando uno mira las asambleas celebrativas cristianas de los domingos, observa un predominio de participantes adultos y mayores. Da la impresión de que “detrás de los allí reunidos no vienen nuevas generaciones” o de que “la manera de celebrar o los tiempos elegidos para la celebración no son los propios de las generaciones más jóvenes” De este dato de observación se desprende rápidamente la pregunta por la transmisión de la fe. ¿Qué ha sucedido en la cadena de transmisión que se ha cortado y no hay relevo? Nos proponemos analizar la encrucijada en que está la catequesis, o una catequesis, aquella que hemos conocido, la que estamos haciendo desde años y en la que muchos hemos sido formados y hemos formado a otros. Creemos que solo analizando bien los detalles podemos aclararnos y percibir luz para orientar el futuro. Qué entendemos al hablar de encrucijada La palabra encrucijada de la catequesis la entendemos aquí como: • Tiempos recios Estamos en una etapa de la historia de la catequesis difícil, dura, apasionante, cambiante, sin referencias inmediatas a las que acudir (1). Los cambios en el mundo y en la actual sociedad occidental son muchos. Todo está cambiando. Queremos que cambie la catequesis e introducimos pequeños “retoques”, muchas veces mirando sobre todo hacia atrás y sacando lecciones del pasado reciente, poniendo soluciones que nos parecen importantes desde la experiencia acumulada que tenemos, desde lo que hicimos años atrás. Ponemos la mirada en la “sabiduría de la historia colectiva” para hacer propuestas, modificaciones, retoques. Nos damos cuenta, poco a poco, de que con esas “soluciones de retoque” no se cambian las cosas, no se llega a los objetivos pretendidos, no se soluciona el problema. Lo que nos pasa en catequesis nos ocurre en otras realidades de la vida. Estamos llegando a la conclusión de que hoy no vale cualquier solución de “retoque”. Se nos pide algo más. Esta es una difícil lección que tenemos que asumir y que nos cuesta aprender porque tenemos que inventar algo nuevo. Es tiempo recio y por eso no nos valen los remiendos. Es preciso cambiar de odres. Odres nuevos para los tiempos nuevos. • Tiempos de ensayo Leía un hecho de unos párrocos italianos que me ha llamado mucho la atención. Se dieron cuenta estos párrocos de que los que iban a la catequesis de primera comunión lo hacían con desgana, “porque había que hacerlo”. La prueba era que más del 85% no asistía nada más que a la reunión de catequesis; dejaban olímpicamente la misa y las demás actividades de la catequesis. Además, los que se confirmaban no volvían a pisar por la iglesia. Ante estos datos, los párrocos en cuestión decidieron suspender la catequesis semanal y convocaron un tiempo de reflexión parroquial para analizar los hechos de manera comunitaria. ¡Así no se podía seguir! Estuvieron más de un año sin catequesis, con reuniones de estudio sobre la situación. Pero hubo una intervención de arriba: había que volver a poner en marcha la catequesis como antes. La cosa se complicó y se volvió a hacer lo de antes, sin llegar a concretar nuevas propuestas El hecho habla por sí solo. Estudiar y proponer “acciones nuevas” tiene complicaciones riesgos, miedos, frenos… Ensayar caminos nuevos no es fácil, no es camino de rosas. El “ensayo” no entra en el programa de muchos responsables. Sólo cuenta lo “seguro” Nuestro hoy eclesial es un cruce de realidades: lo nuevo y lo antiguo, lo que quiere surgir y lo que vemos que ya no funciona. Esto es lo que da originalidad a nuestro panorama catequético. Es necesario reconocer el inmenso bien que ha realizado la catequesis tradicional y que aún hoy continúa haciendo. Al mismo tiempo, es el momento de repensar caminos de futuro. • Tiempos de miedo y de propuestas Algunos creyentes ante la presente situación de transmisión de la fe viven con miedo. El miedo viene de intuir que algo está desapareciendo y no tenemos idea de cómo nacerá lo nuevo; además lo nuevo da un poco de miedo, no sabemos cómo nos manejaremos en lo nuevo. O lo nuevo nos puede pedir maneras nuevas de ser, y nos resistimos. Por otra parte, hay que tener en cuenta que van apareciendo sencillas propuestas que aportan algo de novedad. Se trata de respuestas ideológicas que roturan el camino de la práctica, de respuestas dadas por grupos que se toman el trabajo de analizar la realidad que tienen delante, la rezan y tratan de responder con sencillez a los problemas concretos detectados. Crean e inventan desde la pasión por el Evangelio, la pasión por los destinatarios y la pasión por responder a la realidad. Todo ello en un clima de responsabilidad evangélica. Para vencer el miedo en la acción evangelizadora nada como estar apasionados por el reino de Dios. Hay miedos paralizantes que lo único que nos reflejan es que creemos poco en el Espíritu y nos defendemos contra el fracaso.
Álvaro Ginel Vielva SDB
Revista Catequistas nº 175 (2006) (1) Andrea FONTANA, Il mondo é cambiato: cambiamo la pastorale, Elledici, Torino 2006.
